Vie, 19, agosto, 2022
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VISIÓN EDITORIAL

LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO

Para entender la 4T

Por: Edilberto Cervantes Galván,

El historiador Carlos Illades publicó hacia fines del año pasado un libró que tituló: Vuelta a la izquierda. La cuarta transformación en México: Del despotismo oligárquico a la tiranía de la mayoría. *
El título pareciera sugerir que se está presentando en México un viraje político hacia la izquierda.

Sin embargo, el autor señala que se estaría en un tránsito de un régimen despótico comandado por una oligarquía hacia un régimen tiránico ejercido por una mayoría. Puesto así, pareciera que los mexicanos no ganamos nada con ese cambio de régimen.

No obstante, el curso central del texto es tratar de entender, quién es, cómo es y qué está haciendo AMLO, ahora como Presidente de la República.

Illades considera que el “planteamiento obradorista” se asienta en un conjunto de premisas reconocibles en el universo conceptual de una izquierda nacionalista. No obstante, en la elección de 2018 las formaciones políticas como el PRD y los Zapatistas -de presumible izquierda- no se unieron a AMLO (el PRD se alió a la derecha). Dice Illades que AMLO “buscó el centro y fue a la caza del voto conservador”. Su estrategia consistió en incorporar a su coalición a quienes tenían presencia local.
“López Obrador considera la responsabilidad, la contención y la austeridad cualidades indispensables del hombre público”. Pero no es un predicador que propague una religión civil ni tampoco un Mesías; “es más bien el homo politicus” que pretende conformar la sociedad como una comunidad ética con fundamento en la familia.
El pueblo es para AMLO un actor más bien pasivo, que recibe los beneficios de un Estados benefactor. La expresión del pueblo no se da mediante una acción organizada sino por la interlocución directa con el líder. En ese sentido Illades considera que AMLO no es un populista. A diferencia del “populismo clásico” AMLO no promueve la movilización permanente de las masas; más allá de las consultas populares. “Morena se ha probado en la movilización política pero escasamente en la movilización social…”
“Lo que hace López Obrador…es definir los actores del conflicto, poner nombre a los adversarios y puntualizar los agravios…”. Los actores del drama social son la mafia del poder, por un lado y el pueblo bueno, por el otro.
La política económica de AMLO se basa en el nacionalismo económico de la posrevolución, la cual “no es bien vista” por el capital financiero ni tampoco por las comunidades indígenas (bueno, no todas las comunidades indígenas). Para el nacionalismo económico de AMLO la soberanía energética es fundamental. Antepone –dice Illades- la cuestión de la soberanía a la eficiencia económica.
La política laboral de AMLO es notoriamente distinta a la de sus antecesores. Del intervencionismo estatal en las negociaciones obrero-patronales, se ha pasado a permitir que los “factores de la producción concerten entre ellos”. El salario mínimo se ha incrementado notablemente. El T-MEC contiene un capítulo laboral de observancia obligatoria: negociación colectiva, libre afiliación sindical, pluralidad de sindicatos, elección de las dirigencias mediante voto personal, libre y secreto.
AMLO debilitó las finanzas de la prensa escrita y en menor medida las de los medios electrónicos al reducir más de la mitad de la publicidad oficial y redistribuir el gasto entre un número mayor de medios, algunos medianos y pequeños. ”La medida forzó a los periódicos a bajar sus tirajes de por sí exiguos, reducir planas, liquidar a periodistas y cerrar columnas. Varios medios optaron por fustigar al gobierno notoriamente más que a las administraciones precedentes”.
“El proyecto hegemónico del presidente tabasqueño atiende la desigualdad y pretende potenciar las capacidades de la población desfavorecida mediante la educación, la salud y el trabajo”. De allí que la clave para conformar un Estado social sería la institucionalización de la política social. Esa sería la Cuarta Transformación.
Illades considera que hay una “narrativa histórica” de la izquierda mexicana: a) la Guerra de Independencia separó a la nación mexicana del Imperio Español, proceso en el que la élite criolla sometió al movimiento popular; b) la Reforma desmontó las estructuras coloniales, dio lugar a un estado moderno, y abrió el ascenso al México mestizo; c) la Revolución despojó a la oligarquía profiriana , levantó en armas al campesinado y edificó un Estado de masas.
Estas tres transformaciones contaron con una élite “modernizadora”: los criollos ilustrados, los liberales y los rancheros sonorenses. Pero con ninguna de estas élites los subalternos se hicieron del poder ni tampoco lograron emanciparse.
¿Es comparable la Cuarta Transformación a las grandes rupturas precedentes?
El proyecto de AMLO ha incorporado a las clases populares; pero, señala Illades, la integración de las masas ha sido a expensas de su subordinación (al igual que con el régimen de la Revolución). “No son las clases populares las que toman las decisiones o quienes gobiernan, es el presidente el que las interpreta y ejecuta las acciones pertinentes”. AMLO, concluye Illades, “incorpora a las clases populares, desatendidas por el neoliberalismo, pero sin ofrecerles la emancipación y la oportunidad de autogobernarse”
Illades considera que Morena no dispone de los cuadros políticos suficientes, capaces y experimentados, para lograr el recambio de las élites gobernantes. “…todavía no conocemos bien a bien con quiénes López Obrador integrará un bloque emergente que dé continuidad transexenal a su proyecto…”
En una reflexión final, Illades considera que la experiencia de la “izquierda nacional” es insuficiente para reencauzar a México. “Un proceso tan largo de acumulación de fuerzas de las clases populares, alineado en un objetivo preciso que permitió ganar la presidencia y las cámaras en 2018, no merece dilapidarse por la falta de lucidez de la izquierda. No olvidemos ni un minuto que las nuevas derechas son despiadadas”.

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