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VISIÓN EDITORIAL

El tiempo pasa

Por: Stibaliz RuizUrquijo

Lunes 13 de septiembre 2021

Estaba contando los diarios que he escrito desde que comenzó la pandemia… y ha sido toda una catarsis leer desde el 1, escribí la manera en que nos avisaron, como salimos de la oficina, el día que nos fuimos a casa, y como ha ido transcurriendo el tiempo y nosotros avanzando en muchos sentidos.

En primera nos llegó algo totalmente desconocido para nosotros, lo que hizo que nuestra vida cambiara radicalmente, primero: no teníamos idea de cómo enfrentar lo que teníamos enfrente, comenzando con qué tipo de cubrebocas usar; recuerdo que una tarde en casa los primeros días, a mi Papá y a mí se nos ocurrió sacar sus pañuelos de tela y mis ligas del cabello e hicimos unos, nos funcionaron un par de días y luego cambiamos a unos gruesos que salieron de neopreno, después las caretas, los NK95, y ahora unos hipo alergénicos que esos para nosotros han sido los mejores.

También traíamos la cosa de que gel funcionaba mejor, no sé cuántos pasaron por nuestras manos, unos muy pegajosos, otros, hacían bolitas en las manos, hasta que poco a poco, encontramos el correcto, hoy en día andamos buscando algo que no deshaga las manos; ¡totalmente resecas!

Pero bueno, es como hemos ido evolucionando en este par de años que llevamos aprendiendo unas lecciones que jamás nos imaginamos que tendríamos en la vida.

Leyendo uno de tantos diarios, recordé cuando murió una persona allegada a mí, la primera que perdía por este bicho que nos ha traído a pan y agua.

Aparte de las pérdidas humanas que hemos tenido durante este tiempo, que pesado ha sido no abrazar, no besar, tengo tantas ganas de abrazar a mi familia, a mis amigos, de andar sin cubrebocas, sin el gel en la mano.

Para mi creo que es lo más difícil que me ha tocado lidiar.  La convivencia si, si nos hace falta, pero la verdad, aunque ya los humores comienzan a subir de nivel, prefiero aguantarme, a traer en la conciencia algún contagio provocado por mi o que sea contagiada.

También leyendo esos libros que ya se quedarán para la posteridad, recordé todo lo que he hecho, aparte de trabajar, me puse a pintar mandalas, unas con marcadores, otras con crayolas, todas tienen la fecha que las comencé y que las terminé. La cantidad de libros que he leído, y la facilidad con la que han llegado a mi casa (ese es un punto que ahorita tocaré, que me parece interesante), las veces que he abierto closets para acomodarlos y sacar lo que ya no se usa (otro descubrimiento).

Me encontré un tablero que hizo mi Papá una tarde sentado en la cochera, para jugar damas chinas. También salieron a la luz los dominós de mi Abuelo Patro, que, si viviera, estaría más atacada de no poder irlo a visitar, a abrazar. Salieron las casas de madera que mando hacer mi Mamá para sus pájaros, pero para ella pintarlas, mi hermano, creo que ya no tiene ropa de tanto que revisa sus closets.

Ha sido muy interesante llevar “una bitácora” enorme de todo lo hemos estado pasando en estos últimos dos años, para mí, ha sido una buena terapia leer lo que he escrito, porque me he dado cuenta de muchas cosas.

Entre ellas, que me parecen más importantes; en realidad podemos vivir con las cosas básicas y mínimas en casa, la idea de decir quisiera comprar (Ej.) un libro, pero no me queda cerca la librería en donde lo venden… real escusa, todos los libros que he comprado durante la pandemia me han llegado a casa, sin mayor problema.

La ropa… bueno, este tema lo dejaré para la próxima semana.

Escribe, calma los nervios… y después de un tiempo léelos y te darás cuenta cuanto has evolucionado, o te llevarás la sorpresa, que no quieres avanzar.

 

ruiz.urquijoopinion@gmail.com

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