Dom, 11, abril, 2021
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COVID Y EDUCACIÓN, DOS AÑOS PERDIDOS


Por: Mario Alberto Palacios

Festejada como una medida que ayudaría a salvar vidas y evitar la multiplicación de los contagios, la decisión del gobierno de Jaime Rodríguez de suspender las clases presenciales en todos los planteles educativos de Nuevo León al inicio de la pandemia del Covid 19, dejará en cientos de miles de estudiantes un daño irreversible en su formación.

Si bien se pretendió impulsar la educación a distancia desde la última semana de marzo del 2020, con un plan educativo improvisado que pretendió colgarse del acuerdo nacional establecido por la Secretaría de Educación Pública, lo realizado a nivel estatal adoleció de profesionalismo, seriedad y, sobre todo, de supervisión por parte de las autoridades estatales, las cuales se recargaron en los maestros y en los padres de familia, para suplir un día sí y otro también, los grandes huecos del programa.

Con el magisterio preocupado por la mala calidad de los sistemas de salud que les brinda el Estado, con el riesgo de que el Gobierno, su patrón, le suspenda el pago de prestaciones, compensaciones y hasta salarios, como ocurrió con parte del aguinaldo a fines del año pasado, y atemorizados por la forma en que los inspectores supervisan, vigilan y califican en desempeño, acentuada con una depresión emocional por meses de estar encerrados, la calidad de la enseñanza bajó significativamente.

En el caso de los padres de familia, quienes en una gran mayoría (no hay datos precisos de cuantos participan en el proceso educativo a distancia), afrontaron con estoicismo las reglas impuestas por la Secretaría de Educación y por los directivos y maestros, a fin de poder mantener a sus hijos e hijas en la escuela virtual.

Pero quienes serán los que paguen los platos rotos de una situación que nadie esperaba, y que las autoridades no supieron o no quisieron dimensionar como un alto riegso al sistema educativo desde nivel preescolar hasta incluso, de nivel superior, son los alumnos.

Son los estudiantes quienes, al final de la pandemia, cuando sea posible regresar a las clases presenciales, ya frente al maestro y en el aula, se den cuentan de que sí se obtuvo o no algún beneficio directo o indirecto por haber permanecido más de 15 o quizás 20 meses, de aprendizaje en línea.

Si a cómo van los planes de vacunación contra el Covid 19, se prevé el regreso a las escuelas para el mes de septiembre del 2021, México tendrá dos ciclos lectivos prácticamente perdidos.

El daño para estas generaciones de educandos, será irreversible, y nadie podrá resarcirlos.

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